sábado, 30 de abril de 2011

Cansada.

Maldito cambio que me hace sollozar,
tu terquedad y tu orgullo me hacen pasarlo mal,
te encaras con quien no puede luchar,
hoy estoy cansada de pelear.

E.

sábado, 26 de marzo de 2011

Afraid.

No sé nada de ti...
Me preocupo.

No sé nada de ti...
Tengo miedo.

¿Me querrás?

No se nada de ti...

¿Me habrás dejado de amar?

E.

sábado, 19 de marzo de 2011

Moonlight


Luna creciente,
Luna llena,
Luna menguante.
Luna del cielo pendiente
Luna bella
Luna que brilla como un diamante.
Brinda tu energía,
brinda tu poder.
Concede a esta bruja
tu hechizo
y tu querer.
No dejes de existir,
no dejes de brillar.
Cuídame desde tu lejanía,
haz a la magia comenzar.
Luna bella,
Luna hermosa,
sigue en el cielo
tan maravillosa.
E.
En honor a la Luna llena de estas noches que ejerce su influencia en las mareas y en nosotros, vigilándonos siempre desde arriba, apareciendo cada noche.

viernes, 11 de marzo de 2011

Diana

Tras una larga jornada de caza,
la tarde caía en el monte,
paseábamos entre las zarzas
y mis canes oteaban el horizonte.

Estando yo, entonces, en el bosque descansando,
me despertaron unas risas femeninas,
y para saciar mi curiosidad fui buscando
hasta dar con una imagen divina.

Allí en un claro en el bosque,
donde el río hace un alto en su destino,
se formaba una laguna enorme
antes de seguir su camino.

Había plantas, árboles, vegetación por doquier,
entre todos ocultaban ese misterioso lugar,
yo olvidé dónde estaba y qué tenía que hacer,
pues me envolvía lo místico y sobrenatural.

Había pequeñas hadas volando,
y se escuchaban lejanamente
las flautas de unos sátiros sonando,
enfrente, varias ninfas dispuestas especialmente.


No daba crédito a lo que mis ojos veían,
bellas y hermosas estaban nadando
y la imagen perfecta de una Diosa escondían
mientras todas ellas reunidas la seguían bañando.


Giré la mirada, pues ver aquella estampa era osado,
cerré los ojos y pensé si acaso estaba soñando,
miré a mis fieles seguidores allí posados
y al alzar la vista, tan bellas, allí seguían jugando.

Inmerso en la figura de la Diosa estaba,
y cegado por su belleza no vi venir
que un cervatillo joven se acercaba
junto a las aguas para su sed no sufrir.

Inocente ser que predecía mi destino,
si con aquel claro en el bosque no hubiese dado
muy diferente habría sido entonces mi sino
pues quizá la vida hubiera salvado.

Una postura de alerta, un lomo encorvado,
un aviso incesante de lo que allí iba a pasar,
un nerviosismo palpante y un pelo erizado
prorrumpieron todos en un sonoro ladrar.

Las hadas salieron volando,
las flautas dejaron de sonar,
las Ninfas a la Diosa tapando
se pusieron todas a gritar.

Mi figura del escondite saliendo
intentó a mis perros acallar,
el ciervo salió corriendo
y mis canes, de él, detrás.

Mi rostro suplicaba el perdón,
mis palabras mostraban lamento,
a la Diosa pedí compasión
mientras mostraba arrepentimiento.

A las ninfas, la Diosa, pidió privacidad,
ellas marcharon sin responder,
Ésta se acercó a mi con frialdad
y yo mi error tuve que reconocer.

Había ultrajado su mágico rincón,
sus virginales cuerpos observe sin aprobación,
aquel hecho sería mi perdición,
estaba a punto de comenzar mi destrucción.

Un dolor agudo me recorrió la espalda,
una sensación extraña noté en mi cara,
del puro temor empecé la escapada,
hasta que con una voz grité ¡Para!

La expresión se perdió en el aire,
el Céfiro se la llevó,
sentí pavor en mis carnes
de a lo que mi voz sonó.

No eran palabras,
no era poesía,
era un bramido
lo que de mi interior salía.

Mis manos ya no sentían,
mi rostro no era palpable,
mis ojos sin color veían,
me sentía muy vulnerable.

El bosque atravesé sin parar,
quería de todo aquello huir,
no podría escapar
si de allí no intentaba salir.

Un sonido familiar de lejos oí,
seguido de cincuenta iguales en conjunto sonar
la cuenta de por donde venía perdí,
pues estaba rodeado de un eco dispar.

¡Amigos!, ¡Mis fieles!, ¡Soy yo, Acteón!
nada más que bramidos y sonidos, ellos, escucharon
salir de lo más profundo de mi corazón,
pues todos mis canes hacia mí se arrojaron.

Y sin ningún tipo de compasión
ignorantes empezaron a devorarme,
pues mi cuerpo fue mi prisión
y mi verdugo, Diana al sacrificarme.

Yo fui castigado
y de mis perros su trofeo ganado
pues lamentablemente fui trasformado
en el cervatillo que antes me había delatado.

Ellos a Acteón, su amo, buscaban
pues la pieza de caza habían ganado,
yo a ellos no los culpaba
pues su trabajo habían realizado.

Todos los canes junto a mi cuerpo sollozaban,
gemían de pena, pues intuían que yo ya no estaba,
mi amigo y maestro Quirón a mis perros encontró
y para ellos, y en mi honor, una estatua de mí erigió.

E.
Basado en el mito de Diana y Acteón de las Metamorphosis de Ovidio.







domingo, 20 de febrero de 2011

Solo.

Disfrutando de estos momentos de soledad,
Mirando pero no viendo,
Oyendo pero no escuchando,
Sintiendo pero no pensando.

El dolor es el eco de mis pensamientos,
Las palabras murmullos que me anhelan,
Las voces ruidos que no entiendo
Y la gente fantasmas que me rodean.

Ya no pienso, veo las vidas pasar.
Solo observo, vivo a través de su actuar.
Me dejo llevar por el camino que me arrastra,
Todo me da igual una vez más.

¿Merece la pena este sufrimiento?
¿Merece la pena este dolor?
Si antes de que muden sus hojas,
Ya están los árboles en flor.

E.


Foto: Puente de Carlos V en Praga.
Bonita foto, bonito recuerdo en mi mente.

domingo, 6 de febrero de 2011

Ángel mío.

Angelical rostro relleno de dolor,
yaciente en tu tumba cuna de tu perdición.
Deshonrosa pasión cuyo perjurio cometiste,
Castigo Divino es lo único que mereciste.

Mantente frío, mantente distante,
Siempre sempiterno cual difunto amante.
Asume tu destino, Luzbel, asume tu pena,
Reposa en lo profundo de tu máxima condena.

Calla cuando te observen y dista de escapar,
Permanece inmóvil, permanece inerte,
Calla cuando te miren y dista de regresar.

Dime, - ¿quién eres tú ahora?- Ángel hermoso,
Y responde - No soy ni ya seré quien ser solía -,
Lo lamento, pero no dejaré de mirar por ello tu bello rostro.

E.

domingo, 16 de enero de 2011

Tartarus

Pasaba los días lamentándome
(...)
Allá por donde iba, una rara melancolía
Rozaba mis entrañas pensando en todo lo que perdía.
(...)
Vivía sin cesar de esta manera el día a día
Dejando todo atrás, mirando hacia otro lado para no enfrentarme a lo que debía.
Cansadas de mis decisiones
Las Parcas cumplieron mi destino,
Cortaron mi hilo antes de tiempo sólo por diversión
pues creyeron que en el inframundo estaría mucho mejor
y que allí aprendería el verdadero sentido de culpabilidad y sumisión.

Descendí al Tartaro más profundo que podáis imaginar,
Pagué a Caronte para en su barca la laguna Estigia poder cruzar,
Veía los cadáveres en sus turbias aguas intentar trepar,
Agitaban la barca que por mis ruegos no llegó a volcar.


Al llegar a tierra firme, comprobé que era árida sin igual,
como la mezcla de mil desiertos en mil días sin nocturnidad.
Intenté atravesar los nueve círculos de Dante,
Al igual que él, llevaba a Virgilio como ayudante.
Me apiadé del Limbo, pero dejé allí a esas personas, por miedo, al instante.
Temí no avanzar más del segundo círculo,
Pues allí castigaban a las almas pecadoras y los lujuriosos.
Allí conocí a Dido, en mis manos tuve tan bello rostro
que me apiadé de su final desastroso.
Me enfrenté a Cerbero, que con ladridos humeantes
frenaba mi paso al siguiente nivel sin opción a calmarle.
Cuando vi a Orfeo, le pedí ayuda con el can sin miedo.

En el cuarto círculo me criticaron de avaricia,
pues en vida lo quise tener todo y para ello no controlé con pericia.
Avancé a lo largo del quinto, con gran pesar en mi conciencia,
pues sabía que en ese mismo me tacharían con la pereza.
Superé a las furias, pues atacan a los asesinos y yo no pecaba de crimen,
por lo que no supusieron venganza contra mí ni contra nadie mientras que no las timen.

A los soberbios y los envidiosos dejé atrás,
Pues ninguno de los dos me vio llegar.
En cuanto a los herejes que veía abrasados,
Me cuidé de agachar la cabeza y mirar hacia otro lado.
Crucé a nado el Flegetonte, ríos de sangre hirviente
que bandidos, criminales y violadores derramaron en su anterior vida malviviente.
Pasé al lado de los violentos,
Cuyos cuerpos castigaban las Harpías.
No miré fijamente, pues observaban que las veía.
Asustada seguía mi camino, pues al octavo círculo conducía mi destino.
Allí me detuvieron un instante, pues imaginaron que una hipócrita acudía incensante.
Con gran pesar me dejaron pasar, pues Virgilio una vez más consiguióme librar.
Finalmente el octavo dejé atrás y cruzando el ancho foso que los separa al noveno fuimos a parar.
Aquí estaban los traidores, cuyas lágrimas eran congeladas,
impidiendo así el último desahogo que les permitía esas gotitas heladas.
Asombrada estaba cada vez que un nivel avanzaba,
de la crueldad de aquel lugar
que castigaba con malicia sin cesar.
En el noveno vi Titanes, Gigantes y conspiradores,
Que de menor a mayor
conducen el camino hasta el Infierno más profundo donde destaca el gran traidor.
Aquel que una vez tuvo alas, aquel que cayó y se lastimó.
Un ángel que fue divino y ahora es muy diferente su destino.

Cuando Virgilio sola me dejó, pues su parte del viaje había cumplido,
ya no tenía miedo, pues era hora de afrontar mi sino.
Ante Él me situé y mi sentencia y castigo esperé,
Pues comenzó a enumerarme mis pecados.
Cada vez temía más por el trágico final,
ya sólo me quedaba por conocer cuál sería mi condena
que ahuguraba mi viaje al Tartarus,
y si podría tener ayuda como Ariadna ayudó a Teseo con el Minotaurus.
Cuando acabó de valorar mis hechos,
Ocurrió una cosa que jamás preví.
No estaba hecha para quedarme allí,
había sido todo una lección que aprender debí.
Tendría que revivir mi vida
y saber cómo sobrevivir.
Porque cuando me diese cuenta de que se te puede acabar en un instante
desearía tener ganas, sin importarme lo instrascendental, de vivir.
Había superado los nueve círculos de averno,
Había visto los peores castigos para los peores pecadores
Había imaginado pasar la eternidad en aquel lugar
Y al final, es que me echaron del infierno
porque me faltaban pecados que realizar.
E.
Fuentes, idea sacada de: Dante, La Divina Comedia.